lunes, 8 de diciembre de 2014

Me equivoco tanto, 
pero tanto que desconozco mi razón.
Mi inconsciencia me juega en contra, 
porque esto no es tema de corazón.
Siempre eligiendo lo incorrecto, 
siempre perdiéndose el respeto.
No sé cómo evitarlo,
pero por ahora no supe ni evadirlo.
Hasta ya mandé a la reverenda mierda 
y si es necesario volveré a repetirlo.
Madre, re-decorar tu cuarto no calmará tu mente.
Una cama nueva no te quitará los cuernos.
Lámparas de bajo consumo no te ahorrarán llantos.
No serás más atractiva para él por ser más ordenada.
Jabones de olor no le recuerdan tu piel sino a otra.
Darle su rincón privado no lo mantendrá en casa.
Hacerle la comida a su gusto no lo gratificará.
Ayudarlo con su trabajo diario no le despertará compañerismo.
Darle consejos no asegura que te escuche.
Cuidarlo cada vez que lo internan no es demostración de cariño.
Aceptar sus manías todavía no te ha vuelto loca, pero te volverán.
Hacerlo creer que es normal no lo hará.
No podrán tener más ni mejor comunicación por un celular nuevo.
Madre, el es mi padre pero no tiene porque ser tu esposo.