Acabo de darme cuenta que lo que más me aterra de las multitudes
es darme cuenta que no puedo contar con ninguno de ellos.
Apuesto la vida de mi madre, que si mi vida corre peligro,
o al menos si de ellos dependiera hacerme sentir mejor, nada harían al respecto...
porque la multitud es el resto y el resto es el enemigo.
Acabo de darme cuenta que mis amigos están en la multitud,
hicieron fila para involucrarse mientras yo les rogaba para hablar.
No son mala leche,
pero en la multitud no escuchan el teléfono, mis gritos de socorro ni mi llanto.
No me hago la víctima, con estas luces de colores no se me nota la cara de pánico.
Acabo de darme cuenta que mientras escribo hago pausas para respirar profundamente
mientras nadie tiene problemas en manejar la respiración mientras bailan al ritmo de la música.
Esto va más allá de mi obesidad y de mi posible depresión, fui multitud pero ya no lo soy.
