Hoy si me psicoanalizo
me pregunto si con 12 años tomé la comunión finalmente porque quería complacer a mi abuela,
y ya de paso mis amigas me acompañaban;
o si lo hice porque me gustaba la idea de comer y tomar el vino gratis.
Los príncipes encantados no existen.
Y si existieran seguro no llegarían un día como hoy.
Me niego a creer que es mi culpa y mi resistencia,