lunes, 3 de agosto de 2015

Hoy si me psicoanalizo
me pregunto si con 12 años tomé la comunión finalmente porque quería complacer a mi abuela,
y ya de paso mis amigas me acompañaban;
o si lo hice porque me gustaba la idea de comer y tomar el vino gratis.
Los príncipes encantados no existen.
Y si existieran seguro  no llegarían un día como hoy. 
Me niego a creer que es mi culpa y mi resistencia, 
estoy segura que la mayoría lo hace por derrota 
otras por razones de existencia.