El problema empezó cuando comenzaste a llamarme "muñeca".
No tenías idea que no estaba hecha de plástico, que tenía un corazón y un cerebro que razonaba muy bien.
Habrías pensado que me alagabas, que escribirme cosas lindas te hacía ser único. Y como si no fuera suficiente, lo aprendiste en varios idiomas. Y por encima en ninguno sabías pronunciarlo bien.
A tu manojo de piropos agregaste "nena", como para convencerte de mi sexualidad. Para traer a estas delimitaciones geográficas esa cultura del otro lado del río.
Me negué a sentirme identificada, y así fue como adquiriste "divina". Tal cual grita un obrero cualquiera.
Y así fue como entregué mi vida corriendo a un lugar libre de obras.
domingo, 11 de enero de 2015
No deberías haberme alagado tanto.
Te expliqué cuanto temía que tocando mi cuerpo ignoraras mi mente.
Al final, demostraste ser experto en asesinar autoestimas.
Me convenciste, habiendo aceptado un no en primer instancia.
Jugaste con mi mente, inestable, decidida. La quisiste controlar. No tenías otra cosa para jugar?
Deberías haberme dejado sola cuanto te lo di a entender.
Deberías haber sido menos pretencioso, mas atencioso y no hacerte el galán.
Te expliqué cuanto temía que tocando mi cuerpo ignoraras mi mente.
Al final, demostraste ser experto en asesinar autoestimas.
Me convenciste, habiendo aceptado un no en primer instancia.
Jugaste con mi mente, inestable, decidida. La quisiste controlar. No tenías otra cosa para jugar?
Deberías haberme dejado sola cuanto te lo di a entender.
Deberías haber sido menos pretencioso, mas atencioso y no hacerte el galán.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)