Yo me acuerdo de las noches ajena a sus risas, de la novela que escuchaba a escondidas mientras ustedes la miraban comodamente en el sillón. Siempre el mismo postre, luego se daban buenas noches y se decían adios. Siempre lo sentí tan de cartón.
Yo me acuerdo analizarlos como espectadores y se reían exajeradamente ante el mínimo chiste, no recuerdo haberlo entendido alguna vez. Buscaban felicidad en los lugares equivocados, sufrían, cuando parecían entenderlo volvían a equivocarse una vez más.
Yo me acuerdo de entenderlos por algunos momentos, por otros querer ser igual, por otros no querer confesar nada de ustedes...
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