martes, 28 de octubre de 2014

Discúlpenme padres,
me dirijo a todos ustedes 
y no a nadie en particular.
¿Por qué se alegran 
cuando un hijo 
se vuelve una copia de ustedes mismos?

Lo quieren enseñar con sus errores, 
que tengan sus mismos valores. 
Y como si no fuera suficiente tener la misma cultura,
les inculcan la misma religión. 

Se ponen felices cuando los ven festejar un gol 
del cuadro del que ustedes lo hicieron hincha.
Se llenan de orgullo por su postura política, 
como si no se tratara de un ejercicio de multiple opción 
influenciado por la masa 
y claro, por ustedes.

Los dejan ser libres, 
siempre y cuando se lo merezcan.
¿No se avergüenzan?





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