martes, 21 de octubre de 2014

No me desilusionaste,
porque no aposté esperanzas en ti,
porque sabía que aunque ambos quisiéramos pensar lo contrario 
seguíamos siendo iguales. 

Tu, un machista sexópata.
Yo, una feminista boluda.

Ni tu psicóloga había curado tus males en estos 5 años, 
ni mi psicoanalista me había instalado un radar 
para alejarme de personas como vos.  

Sin embargo, 
no te creí desde la primera palabra en nuestro reencuentro. 
Mismo así, después del primero, tuvimos 4 más. 

Empezaste a olvidarte de tus pertenencias en mi casa, 
a contarme tu día a día y a recordarme mis debilidades. 
Me pediste para dormir en mi cama y te bañaste conmigo, 
como lo hacíamos hace algunos años atrás.

Al 5º encuentro de nuestro reencuentro 
supe que mis secretos los sabías más que yo, 
que tu rutina no era tan compatible ni tan aceptable. 

Mientras me llevaste a la cama por última vez, 
otra vez más te referiste al sexo libre y casual, 
yo me referí otra vez más al amor.

Me hablaste de locura y egoísmo, 
te respondí de amor propio.
Partí dejándote un gusto amargo en la boca, 
pero sin la duda de que sigo loca.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario