jueves, 30 de octubre de 2014

Nos educaron a tener un cuerpo fino y cuidarlo.
A gastar nuestro tiempo en cremas, masajes y gimnasios.
A mirarnos sin convencernos de nuestra belleza.
Nos enseñaron a desear un cuerpo ajeno,
normalmente, inalcanzable.
Nacimos en una cultura enferma 
que jura querer nuestra salud.
Su intención fue más que nada,
hacernos obedecer,
inculcarnos órdenes, 
ponernos reglas, rutinas,
lograr que seamos todas iguales.
Quisieron vender nuestros cuerpos,
y nosotras mismas se los compramos.
Nos obligaron a hacer dieta,
y adivinen quienes hicieron huelga de hambre?
Nos convencieron que el cuerpo era nuestro templo
y no nos permitieron ejercitar nuestra mente.
Nos quisieron hacer creer que era lo mejor que teníamos,
y así fue cómo dejamos de lado el alma.
Nos mal enseñaron, no nos dejaron ser,
porque siendo como eramos no vendíamos suficiente.
Nos encerraron en un sauna a sudar,
 porque creyeron que teníamos kilos de más.
Y como si no fuera suficiente,
nos castigaron al ponernos frente a un espejo,
también lo hicieron a cada dulce mordida, 
como si nuestra lengua no hubiera sido hecha para saborear.
Nos pusieron a correr atrás de hombres que no nos merecían,
porque no nos permitieron valorarnos.
Nos cambiaron a su favor,
y cuando les dejó de ser conveniente, 
como monedas, nos volvieron a cambiar.



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