Él la abraza y le dice:
"Nunca te dejaré ir".
Ella no entiende el peligro,
acepta ser cómplice de tal psicosis.
Él convencido afirma:
"Estaré siempre a tu lado".
Y ella empieza a sentirse invadida,
pero corre el riesgo sin medir consecuencias.
Él no se da por vencido:
"Seamos felices por siempre".
Y ella acepta someterse ante cualquier religión,
con tal de seguir la cultura y tener un amor.
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