Hoy supe que solo dormías
y te grite un beso a la distancia.
La lluvia contaminaba el sonido de tal forma
que creo que no llegaste a escuchar ni mis gemidos.
Con tu ausencia,
me enredaste los cabellos y los pensamientos burdos.
Me rendí en el primer trueno,
y te volví a gritar a besos que me hagas el amor
una, dos, tres... y otra vez más.
Ahora, tendida sola en la cama llamo tu nombre
y no sé dónde estás.

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