Las luces blancas apuntaban a mi y reflejaban en ella.
-Relajate, me dijo.
Como si la situación lo ameritara...
Una de sus tantas indicaciones fue que no me tensione
y fue bien clara al respecto:
-Si seguís así te va a quedar un pedazo del aparato adentro.
A pesar de sus palabras alentadoras y tranquilizantes,
respire hondo y miré el techo
buscando perder el sentido del lugar,
y principalmente la dignidad.
Buscaba pensar en mi cumpleaños,
como me enseñó mi madre
cuando de chica no podía dormir.
Chocolates, globos, regalos, coca cola,
y casi un dedo en el culo...
-Ehhh Señora! le dije.
Me respondió haciendo gestos con ambas manos:
-Todavía que sos gordita te ponés tensa!
Así no me dejás llegar al útero.
Trae la cola más al borde de la camilla.
Yo intentaba pensar que ningún aparato ginecológico quedaría atrapado en mi vagina
mientras ella me daba una lección de alimentación
con ambas manos
dejando el aparato allí... clavado en mi.
Intentaba pensar que esta doctora tampoco abusaría de mi ingenuidad.
-Ahora relajate. Me dijo como exigiéndomelo.
Actuando una relajación tendida en la camilla
me entregué a mis miedos, rendida y avergonzada.
Con un Pap sin problemas pero una mente sacudida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario