Me instalè el radar de pelotudos,
me dediquè a querer y cuidar primero a mí misma.
Aprendí a ser sorda a los chamuyos,
las promesas, los chusmeríos y a las críticas no constructivas.
Aprendí a mear en baños públicos,
a sacarme condones de adentro de la vagina,
a ir regularmente al ginecólogo por más que su mal trato agudicen mis traumas.
Enseñé que no voy a cambiar y que no espero que nadie cambie por mi,
y eso fue un aprendizaje arduo pero beneficioso para todo la humanidad.
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