¿Viste cuando sentís que el mundo complota en tu contra?
Bueno, así me siento todos los veranos.
Todos los años de diciembre a marzo amigos, familiares, conocidos y otros pelotudos se encargan de intentar convencerme que la playa es un lindo lugar.
Quieren que tenga ganas de unirme a ellos, bajo el sol que irradia 40 grados, tomando una cerveza que es imposible que esté fría, pero si, claro, estará llena de arena y cuando quieran mear van a ir al baño público dónde luego se van a bañar: el mar.
Para consolarme me van a decir que me lleve mi faso, del cual yo voy a fumar solo una pitada y el resto me lo van a fumar todos los pelotudos que pasen a saludar con la clara intención de fumármelo...y si por acaso sobra, se lo va a fumar el viento, porque es lo que pasa en la playa.
Y si no voy, me van a mandar toooodos los putos días una foto en la playa, como si me dieran ganas de ir al ver el sudor que corre en sus rostros, la arena pegada en la piel recién mojada pero ya sucia nuevamente.
Y me van a insistir que esa playa particularmente tiene menos gente, que me gustaría, pero no entienden que sigue teniendo arena, viento y sol con un calor sofocante.
Y se van a enojar, se lo van a tomar personal y se van a resentir.
Y yo me voy a encerrar en mi casa toda la tarde bajo el aire acondicionado, sin rascarme a 10 manos porque el sol me brotó. O rascándome a 2 manos pero sin picazón...
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